Las minas de sal de Wieliczka, en la ciudad polaca del mismo nombre, han sido explotadas sin interrupción desde el s. XIII, y aún hoy en día siguen produciendo sal de mesa.

Pero no, no vamos a comprar sal para aliñar la ensalada, vamos a ver un museo salado bajo tierra y es que, dentro de la mina todo esta hecho de… ¿lo adivináis? ¡¡Sal!!

Las minas de sal de Wieliczka están a solo 17km de Cracovia, por lo que, si pasáis unos días en la ciudad, es una visita que no podéis dejar de hacer.

Declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco hace ya 40 años, son uno de los lugares más valorados por los propios polacos y por algo será, ¿no?.

Por su importancia y espectacularidad, Wieliczka ha atraído desde siempre a visitantes de todos los rincones del planeta y a muchos personajes ilustres, como Copérnico, que tiene una sala en su honor, o el Papa Juan Pablo II.

Una vez que conocemos un poco su historia, os vamos a dar unas recomendaciones básicas para que podáis disfrutar al 100% de vuestra visita:

  • Todas las visitas son guiadas
  • La duración es de 3 horas
  • La longitud del recorrido es de 3km
  • Se pasan por unas 20 cámaras
  • Hay que bajar 800 escalones
  • La profundidad máxima es de 135m
  • La temperatura oscila entre los 14º y 16º. Así que, abrigaos e id con buen calzado.
  • Hay 2 visitas en castellano: 11:20 y 16:40
  • No recomendamos el lugar a personas claustrofóbicas porque aunque las galerías son anchas, la sensación de estar encerrado y bajo tierra existe porque estamos en una mina, no lo olvidemos.
  • Podéis consultar horarios, precios y adquirir vuestras entradas aquí

Nada más entrar, se descienden la mitad de los escalones del recorrido. ¡¡Parece un auténtico viaje al centro de la Tierra!!.

Después de esta bajada y tras pasar un par de pasillos, nos encontramos con la cámara de Nicolás Copérnico. Aquí, podemos observar una estatua del astrónomo que le hicieron los mineros el día del 500 aniversario de su nacimiento.

Muy cerca se encuentra la cámara Janowice, donde se puede ver un conjunto de estatuas de sal representando un pasaje de la leyenda de la princesa Kinga, más tarde reina y, finalmente, Santa Kinga, patrona de la mina y una de las principales santas de Polonia.

Precisamente, es la Capilla de Santa Kinga, el plato fuerte de la visita. Y… más que capilla, deberían llamarla catedral.

Sus dimensiones y las impresionantes lámparas os dejarán boquiabiertos, pero su verdadera belleza reside en los detalles.

En las paredes encontraréis pasajes bíblicos esculpidos, y sí, sí, estáis viendo bien, hay una réplica del cuadro «La Última Cena». El nivel de las composiciones es fantástico… y no hay que olvidar que todo está hecho con sal.

Dejamos atrás la capilla para adentrarnos en la cámara Michalowice. Sus 35 m de altura y los enormes andamiajes hasta el techo, impresionan.

Después de esto se llega a la cámara Weimar, un lugar con mucha magia, donde puedes ver un pequeño lago iluminado. Cuentan que esta era la cámara del tesorero, figura mítica que aún vaga por la mina cuidando de los mineros… y de los turistas.

El recorrido termina a lo grande en el espacio más amplio de toda la mina. La cámara Warszawa, donde se llegaron a extraer 20.000 toneladas de sal. Hoy en día, esta sala alberga un restaurante y puede ser alquilada para grandes eventos como: bodas, bailes, festejos empresariales, etc.

Estamos en el lugar más profundo del recorrido y hay que subir. Tranquilos, no toca escaleras, se sube en ascensor, pero, no en un ascensor tradicional, no, no… ¡¡en un ascensor de los mineros!!. Es estrecho, con forma de jaula y un poquito oscuro. A nosotras nos pareció un «fin de fiesta» chulísimo pero las personas claustrofóbicas no estarían tan de acuerdo con esta definición.

Hemos visitado las Minas de Sal Wieliczka en 2 ocasiones y volveríamos una tercera, una cuarta… así que, no hace falta que volvamos a decir que es una visita totalmente recomendada, ¿verdad?.

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