Vino en Rodas: las bodegas que merecen el desvío y qué pedir para no fallar

Un juez internacional de vinos te sirve la primera copa de la cata.

Puede elegir lo que quiera.

Y elige la uva más común de la isla, la que está en todas las cartas al precio del vino de la casa, la que casi nadie se molesta en mirar.

No fue un descuido.

Era exactamente lo que quería enseñarnos.

La cata venía incluida en el tour por la ciudad medieval que nos organizó MBC Travel.

Una parada más del recorrido, en teoría: veinte minutos, tres copas, sonrisa profesional y de vuelta al Martini Boutique Resort.

Nos duró bastante más.

Porque detrás de la barra de The Wine Hotel estaba Rafail Orfanos: enólogo jefe de CAIR, la bodega histórica de la isla, y juez internacional de vinos en cuatro competiciones europeas.

De los que han visto la uva en la viña, la han fermentado en bodega y la han catado a ciegas en paneles internacionales.

De vino griego no sabíamos nada.

Cero.

Así que no pedimos nada y nos dejamos llevar.

Y él, pudiendo abrir por donde quisiera, abrió por aquí: Athiri.

La uva blanca más común de Rodas.

La que te ponen en jarra, fría y sin etiqueta, cuando pides el blanco de la casa en cualquier taverna (los restaurantes de toda la vida, mantel de papel y pescado del día).

La barata.

La de siempre.

Un juez internacional de vinos empezando por el vino de la jarra.

Eso no se hace por casualidad.

Lo entendimos unas copas después, cuando nos contó cuál es la idea más equivocada que tiene la gente sobre esta uva: que la toman por un vino de playa.

Nos había abierto la cata justo por donde está el malentendido.

La cata se acabó, pero la cosa no quedó ahí.

Cuando publicamos nuestro post de Rodas en 13 días se lo mandamos a Rafail.

Se lo leyó entero.

Y de esa conversación salió esto: le pedimos que nos contara lo que no cabe en una barra de hotel, a qué sabe de verdad la Athiri, con qué se come y qué bodegas de la isla merecen la pena.

Nos mandó ocho, con nombre y apellido.

Y aquí va la parte incómoda, que preferimos decírtela nosotros: no hemos pisado ninguna y mira que es raro con lo «bodeguitas» que somos.

Pues… trece días en Rodas y ni una sola bodega.

Así que esta ruta del vino no es nuestra todavía.

Es la de Rafail.

Nosotros pensamos recorrerla cuando volvamos.

Empezamos por lo que hay en la jarra. La Athiri.

Qué es la Athiri, la uva que te ponen sin decírtelo

La Athiri es una uva blanca.

Griega, antigua y muy suya.

Rafail la define de una manera que nos encantó: es la uva de entrada.

La que convierte en bebedor de vino a quien no lo era.

No te exige nada, no te examina y no te deja en evidencia si no sabes de vino.

Simplemente está buena.

Él la llama “el Mr. Versátil de las uvas”.

Grado alcohólico contenido, cuerpo suave, aromas discretos que no te tapan la comida.

Nada que pretenda ser el protagonista de la mesa.

Y conviene aclarar algo, porque en cualquier referencia en castellano circula justo lo contrario: la Athiri no es un blanco afilado ni ácido.

Si buscas por internet vas a encontrar quien la describa como una uva seca y cortante, casi siempre en artículos que hablan de Santorini de pasada.

En Rodas eso no es así.

Y quien nos lo dice la ha visto en la viña, en la bodega y en la copa.

A qué sabe realmente

Al olerlo (lo que en las catas llaman “en nariz”): es delicado y huele a fruta, pero sin gritar. Fruta de hueso amarilla y madura: melocotón blanco, albaricoque. Un fondo de limón y azahar. Y detrás, flores blancas y hierbas silvestres. Nada estridente.

Al beberlo, esa fruta se abre y se vuelve más fresca: pera, melón, un punto de ralladura de limón. Y si el vino ha reposado un tiempo con sus lías (los restos de la levadura que lo ha fermentado) aparece un toque mineral o casi de miel al final.

Y cómo se siente en la boca, que es lo que de verdad importa cuando estás comiendo: es redondo y suave. Poco alcohol, cuerpo ligero, y una acidez discreta que lo hace sedoso en lugar de punzante. Termina limpio y te deja sabor a fruta.

Traducido a lo que te va a pasar: es un vino que se bebe solo.

Sin esfuerzo, sin ceremonia y sin necesidad de saber nada de vino para disfrutarlo.

Ese es exactamente su superpoder.

Y también, como vas a ver ahora, el origen de todos sus problemas.

Cómo pedirlo sin hacer el ridículo. Se escribe Αθήρι y se pronuncia a-ZÍ-ri, con la Z de “zapato” y el acento en el medio. Y si en la carta no aparece la variedad, pide krasí lefkó (κρασί λευκό): vino blanco. En Rodas, nueve de cada diez veces, eso es Athiri.

El malentendido: por qué casi nadie se toma en serio esta uva

La respuesta de Rafail fue tan rotunda que merece ir entera:

“El mayor malentendido sobre la Athiri es que es un vino de verano aburrido o simple, hecho solo para beberse muy frío y sin pensar, en una playa.”

— Rafail Orfanos

Y es fácil entender por qué pasa.

Es una uva amable.

No pide nada.

Está en todas partes y está al precio de todos los días.

Todo eso, junto, la condena.

Si algo es barato, fácil y lo encuentras en cualquier esquina, damos por hecho que no puede ser bueno.

Lo que cambia cuando la uva sube a la montaña

La Athiri de la costa y la Athiri de altura no son el mismo vino.

Ni de lejos.

Cuando viene de viñas viejas de pie franco (cepas antiguas plantadas directamente en la tierra, sin el injerto que llevan casi todas las viñas de Europa) y crece en las laderas altas del monte Attavyros, el vino se transforma.

Gana profundidad. Gana textura.

Aparece estructura donde antes solo había amabilidad, y aparece un fondo mineral que le da columna vertebral.

Ahí deja de ser la uva simpática y se pone a la altura de blancos internacionales con muchísima más prensa.

Lo dice alguien que se sienta en paneles de cata a ciegas: pueden defenderse perfectamente al lado de variedades blancas globales mucho más “serias”.

Lo del pie franco merece su propia explicación, y se la damos en la siguiente sección, porque es la clave de todo.

Adelanto: tiene que ver con un bicho que se comió Europa entera y que en Rodas se topó con un problema.

Los jueces que no se creían lo que tenían delante

Le pedimos a Rafail una anécdota personal.

Nos dio dos, y las dos valen el viaje.

La primera es de cata a ciegas internacional.

Cuando en el panel cae una Athiri de Rodas de gama alta, de esas con un toque de madera, pasa algo que se repite: los jueces se quedan mirando la copa sin entender.

Rascándose la cabeza.

Porque lo que tienen delante tiene la complejidad de un blanco de alta gama, y la ficha que llevan en la mano dice otra cosa.

La segunda es de mesa, y probablemente la vas a reconocer.

Ese comensal que dice que él solo bebe tinto.

Que lo dice con orgullo, además.

Le pones una Athiri fría al lado de un plato de pescado fresco y a la tercera copa ya no se acuerda de lo que dijo.

Y luego está la frase con la que Rafail la resume, que es la mejor definición que hemos oído de esta uva:

“La Athiri es un camaleón silencioso. Nunca pide atención a gritos, pero cuando llegas a conocerla de verdad, su elegancia discreta se te queda para siempre.”

— Rafail Orfanos, enólogo y juez internacional de vinos

Llegamos a Rodas sin saber que existía.

Volvimos buscándola en las cartas.

Cómo distinguir la buena de la del montón. Busca en la etiqueta dos cosas: altitud y viñas viejas. Si la botella menciona el Attavyros o el pueblo de Embonas, vas por buen camino. Si no dice nada de eso, probablemente tengas delante la versión amable, que está buena, pero no es de la que estamos hablando.

Por qué el buen vino de Rodas está en la montaña

Rodas tiene 1.400 kilómetros cuadrados y casi todos los turistas se quedan en el borde.

El vino está en el centro.

Y está arriba.

El bicho que se comió Europa

A finales del siglo XIX, un pulgón microscópico llamado filoxera llegó a Europa desde América y arrasó el viñedo del continente.

Francia, España, Italia: todo.

La solución fue injertar las variedades europeas sobre raíces americanas, que sí resistían la plaga.

Así se replantó Europa entera, y así siguen prácticamente todas las viñas que conoces.

Prácticamente.

Porque Rodas tenía una ventaja que no tiene ningún viñedo continental: es una isla.

Su aislamiento geográfico fue la primera línea de defensa contra la plaga.

Y lo que hizo el resto fue la composición del suelo y la altitud del Attavyros.

Traducido: en las laderas del Attavyros quedan cepas de Athiri que crecen sobre sus propias raíces, sin injertar.

Viñas de más de setenta años, en suelos calizos, plantadas directamente en la tierra.

Eso es el famoso pie franco.

Y aquí está lo que Rafail nos contó y las fuentes confirman: el vino que sale de esas cepas viejas no parece la misma variedad.

Aguanta el paso del tiempo.

Cinco años en botella lo convierten en un blanco ahumado, con una presencia mineral considerable.

Nada que ver con la jarra fría de la taverna.

Misma uva. Otro planeta.

Attavyros: mil doscientos metros en medio del Egeo

El Attavyros es la montaña más alta de la isla. 1.215 metros.

Y los mejores viñedos están entre los 650 y los 700, en laderas aterrazadas, sobre suelos calizos y graníticos, pobres y con muy buen drenaje.

Un suelo pobre suena a mala noticia y es justo lo contrario: la cepa produce menos uva y concentra más lo que produce.

A eso súmale los vientos del norte del Egeo, que refrescan el viñedo en pleno verano y mantienen la acidez de la uva.

Ahí tienes la explicación entera de por qué el vino serio de esta isla no está donde está el sol y la playa.

A los pies de esa montaña está Embonas (o Emponas, lo vas a ver escrito de las dos formas), el pueblo del vino de Rodas.

Si vas a alquilar coche. Embonas está a unos 55 km de la ciudad de Rodas, pero por carretera de interior y montaña. Cuenta con hora y cuarto larga de trayecto en cada sentido. No es un desvío de veinte minutos: es medio día como mínimo. Y merece la pena hacerlo así, sin prisa.

La uva que se llamaba “Rodas”

Aquí viene el dato que mejor explica hasta qué punto esta uva y esta isla son la misma cosa.

Durante años, en las etiquetas de vino griego se usó directamente “Rodas” como sinónimo de Athiri.

No el nombre de la variedad: el nombre de la isla.

Lo recoge Jancis Robinson, que es más o menos la máxima autoridad mundial en uvas.

Si te encuentras una botella antigua que pone “Rhodes” donde debería poner la variedad, ya sabes lo que hay dentro.

Y hoy sigue siendo el pilar de la denominación de origen de la isla: la PDO Rodas exige un mínimo del 70 % de Athiri en sus blancos, acompañada de Malagousia y Assyrtiko.

Es decir, la ley del vino de esta isla está escrita alrededor de esta uva.

Por cierto, si el nombre te suena a Santorini, no vas mal: una de las hipótesis sobre su origen es que “Athiri” viene de Thira, el nombre antiguo de Santorini.

Nació allí, pero donde de verdad se encontró a sí misma fue aquí. En Rodas.

Las 8 bodegas de Rodas que recomienda un juez internacional de vinos

Le preguntamos a Rafail qué bodegas merecían la pena y nos mandó ocho.

No tres.

Ocho.

Van en su orden, que no es casual: empieza por la más fácil de encontrar y termina en las pequeñas.

Si solo vas a probar una Athiri en tu vida, empieza por arriba.

Si ya sabes que esta uva te interesa, baja.

Y repetimos lo de la intro por si has llegado aquí desde Google: esta lista es suya, no nuestra.

Nosotros no hemos entrado en ninguna de estas bodegas.

CAIR — Rodos 2400

La bodega histórica de la isla y la referencia con la que se mide todo lo demás.

Fundada en 1928, es la que hizo que el vino de Rodas fuera un negocio viable para los viticultores locales.

Su Athiri seca es limpia, fiable y fácil de encontrar en cualquier sitio.

Es el punto de partida: si quieres saber a qué sabe una Athiri tradicional sin complicarte, esta es.

Y CAIR arrastra además una historia con los espumosos que merece su propia sección. La tienes justo después.

Y aquí toca repetir algo que ya has leído arriba: Rafail es el enólogo jefe de CAIR. Nos enteramos después de que nos mandara la lista, y lo contamos porque nos parece lo justo. Nos parece igual de justo decir que las otras siete son competencia suya y las puso exactamente igual.

Dónde: zona de Sgourou, a las afueras de la ciudad de Rodas. Es la única de la lista para la que no necesitas subir a la montaña. Abre de lunes a viernes por la mañana y cierra los fines de semana; conviene llamar antes.

Emery — Villaré

Metida de lleno en la tradición vinícola de montaña de Embonas.

Trabaja viñedos maduros en las laderas del Attavyros y hace blancos tradicionales con estructura.

Y aquí hay un guiño que nos hizo gracia descubrir: Emery se llama así por Emery d’Amboise, Gran Maestre de Rodas entre 1503 y 1512.

El mismo que da nombre a la puerta de d’Amboise, en la esquina noroeste de la ciudad medieval.

Dónde: Embonas. Tiene sala de catas abierta a diario y una bodega subterránea que se puede visitar. 

Kounakis — Athiri Acacia

Aquí ya estamos en otra liga.

Producción pequeña y artesanal, con viñas viejas de pie franco en parcelas de altura.

El resultado es una Athiri con acidez viva, mucha fruta de hueso y ese fondo mineral que le da estructura.

Si solo vas a comprar una botella para entender de qué va todo esto, es esta.

Dónde: Embonas, apartada de la carretera y con aparcamiento propio. Tienen varias modalidades de cata y tablas de queso y embutido. Cierra los domingos.

Alexandris Family — Alexandris White

Bodega pequeña y viticultura ecológica de montaña, también en Embonas.

Viñas viejas en parcelas altas.

Rafail lo dice de una manera que resume el post entero: aquí la Athiri desarrolla aromas intensos de pera, profundidad y un carácter potente que está a años luz del blanco de verano.

Dónde: Embonas. Es de las pequeñas de verdad: la cata se hace en la propia zona de producción y no hay horario fijo publicado. Llama antes de ir.

Tsoukalas — Eristos

La creativa de la lista.

Su Eristos no es una Athiri sola: lleva un toque de Moscatel de Trani.

Ese añadido le sube las notas florales y el cítrico dulce sin cargarse el carácter suave de la Athiri.

Es la botella que le pones a alguien que dice que el vino blanco le aburre.

Dónde: Embonas, como las otras tres de montaña. Tiene sala de catas.

Anastasia Triantafyllou — Taxideftis

Athiri pura, fermentada en depósitos de acero inoxidable, que es la manera de hacer vino que menos interfiere: nada de madera, nada de intermediarios entre la uva y tú.

Taxideftis significa “el viajero”, cosa que aquí nos ha hecho gracia por razones obvias.

Busca esta si quieres la Athiri más fresca y más frutal, sin adornos.

Dónde: Aquí está la sorpresa. Porque no, esta no está en la montaña. Está en la carretera de Kalamonas a Psinthos, a diez minutos del aeropuerto y a tres del Valle de las Mariposas. Si ya tenías las mariposas en el plan, tienes la bodega de paso. Hacen visita al viñedo, cata y hasta clase de cocina.

Piperis — Koryfi

Herencia de pueblo de montaña, desde Apollona, en el centro de la isla.

Vinos redondos y satisfactorios, de los que saben al sitio del que vienen.

Es la opción rural de la lista.

Si el plan es meterte por el interior de Rodas y ver pueblos donde no para ningún autobús, esta bodega va contigo.

Dónde: Apollona, a unos 25 km de Embonas por el interior. Bodega familiar, con horario amplio todos los días. Sus vinos van a restaurantes y hoteles, no a supermercados: si quieres probarlos, tienes que ir.

Tatakis — Megathiri

La más inquieta.

Trabaja los microclimas del sur de la isla, de Gennadi a Salakos, y está empeñada en recuperar variedades rodias clásicas.

Suelos cálidos y minerales, tanto del sur como de las zonas altas.

Si vas a Rodas y quieres ver por dónde va el futuro del vino de la isla, mira aquí.

Cómo usar esta lista si no vas a subir a Embonas. No hace falta bodega. Con la lista en el móvil, entra en cualquier cava (tienda de vinos) de la ciudad de Rodas y pregunta por estos nombres. Vas a pagar menos que en el restaurante y te vas a llevar botellas que no vas a encontrar en España.

Rodas hace espumoso y casi nadie lo sabe

Aquí va la parte que no te esperas de una isla del Egeo.

Rodas hace vino con burbujas.

Y no con cualquier método: con el método tradicional, el mismo con el que se hace el champán.

Es decir, la segunda fermentación (la que crea las burbujas) ocurre dentro de la propia botella, una a una, en vez de en un depósito grande.

Es más lento, más caro y da burbuja más fina.

¿Y con qué uva? Athiri. Otra vez.

La misma que te ponen en jarra en la taverna es la que sostiene los espumosos de la isla, cultivada en altura, en las laderas del Attavyros.

Desde 2011 los espumosos tienen su propio reconocimiento dentro de la denominación de origen de Rodas, y se hacen en toda la escala: desde extra brut hasta dulce.

Y detrás de esto está CAIR otra vez.

La bodega la fundaron los italianos en 1928 y fue pionera en hacer espumoso por el método tradicional.

Su Brut sigue siendo la botella de referencia: fruta tropical, kumquat, manzanilla y ese fondo de corteza de pan que da el tiempo en botella. (Y sí, ya sabes quién nos lo ha contado.)

Traducido a lo que te importa: si estás en Rodas y buscas algo con lo que brindar que no sea prosecco ni cava, ya lo tienes.

Y probablemente sea la botella más difícil de encontrar en España de todo este post.

Dónde comprarlo. Los espumosos de CAIR están en casi cualquier cava de la ciudad de Rodas y en supermercados grandes. No hace falta subir a la montaña para esta.

Qué pedir para comer: la Athiri en la mesa

Aquí es donde esta uva se pone seria de verdad.

Porque la Athiri no es un vino para beber solo mirando el atardecer.

Es un vino de mesa.

Su gracia está justo en lo que parecía su defecto: como no grita, no le tapa el sabor a nada de lo que tengas en el plato.

Le preguntamos a Rafail con qué se come.

Nos dio una lista y dos platos concretos de Rodas.

Pescado y marisco, que es lo obvio y lo mejor

Empezamos por lo que no falla:

  • Pulpo a la brasa con aceite de oliva y limón. Este es el maridaje de manual.
  • Calamar a la plancha
  • Mejillones al vapor
  • Pescado blanco a la parrilla, sin más adornos

Y aquí va el consejo con nombre propio de Rafail: busca pescado de roca del Dodecaneso, recién sacado, a la parrilla o frito ligero, servido solo con sal, aceite de oliva y limón. Nada de salsas.

Suena a poco.

Es exactamente el punto.

Los pitaroudia: el plato que tienes que pedir sí o sí

Si te llevas un solo nombre de toda esta sección, que sea este.

Los pitaroudia (πιταρούδια) son las croquetas de garbanzo y hierbas de Rodas.

Fritas, crujientes por fuera, con un fondo herbáceo que aquí es lo importante: esas hierbas aromáticas se cruzan con las notas cítricas y de fruta de la Athiri y hacen que se realce todo.

Es el maridaje rodio por excelencia y probablemente lo que estarías comiendo si estuvieras sentado en una taverna frente al mar en este momento.

Su primo cercano son las kolokythokeftedes, las croquetas de calabacín.

Menos famosas, igual de buenas y en casi todas las cartas.

Verde, fresco y sin complicaciones

Para completar la mesa:

  • Quesos blancos frescos y suaves: feta fresco, manouri. Nada de curados ni azules.
  • Empanadas de verdura, de esas que llevan espinacas dentro
  • Ensaladas verdes aliñadas con limón y hierbas

Con qué no la pidas

Y ahora al revés, que es la mitad que nadie te cuenta.

La Athiri es suave, ligera y de aromas discretos.

Eso, que es su virtud en la mesa, también marca su límite: cualquier plato con mucha potencia se la come viva.

Así que déjala fuera si vas a pedir carne roja, guisos largos y contundentes, salsas muy especiadas, picante o quesos curados y azules.

No es que quede mal: es que directamente no la vas a notar.

Habrás pagado por un vino que no vas a llegar a probar.

Para eso, en Rodas tienes la Amorgiano (también llamada Mandilaria), la tinta de la isla.

Pero esa es otra historia y otro post.

El pedido perfecto en una taverna de Rodas. Pide la Athiri por su nombre (y si tienen botella, mejor que jarra), unos pitaroudia para empezar y pescado del día a la parrilla. Es probablemente la comida más redonda que vas a hacer en la isla. Y ahora sabes exactamente lo que estás bebiendo.

Dónde catar Athiri si solo tienes una tarde

Llegamos al único sitio de todo este post en el que sí hemos estado.

The Wine Hotel está en la calle Platonos, dentro de la ciudad medieval, a cuatro minutos andando de la calle de los Caballeros y del Palacio del Gran Maestre y a uno de la calle Sócrates.

Es un hotel boutique con bar de vinos, montado en un edificio medieval restaurado.

Pero lo que nos interesa aquí no es el hotel: es lo que pasa en la barra.

Tienen más de doscientas referencias de vino griego.

Y, sobre todo, tienen a Rafail.

Por qué esta cata y no otra

Porque en la mayoría de las catas de la ciudad de Rodas te van a servir vino.

Aquí te lo explican.

Nosotros llegamos sin saber absolutamente nada de vino griego, en una parada del tour de MBC Travel que en teoría duraba veinte minutos.

Salimos con la sensación de haber entendido algo que llevábamos días bebiendo sin mirar.

Todo este post existe por esa hora.

Y ese es el detalle que marca la diferencia: no te ponen la Athiri porque es la barata de la casa.

Te la ponen la primera, a propósito, porque es donde está la historia.

Cómo reservar. Las catas se reservan directamente en la web del hotel. No hace falta alojarse allí  (nosotros no lo hicimos).

La otra opción: subir a Embonas

Si tienes coche y un día entero, la alternativa es la contraria: irte a la montaña y hacer ruta de bodegas.

Con la lista de la sección anterior en la mano, Embonas te resuelve varias en un mismo pueblo.

Emery, Kounakis, Alexandris y Tsoukalas están a pocos metros unas de otras.

Y de camino o de vuelta, la de Anastasia Triantafyllou te queda cerca del Valle de las Mariposas.

No son planes que compitan.

La cata de la ciudad te da el contexto en una hora.

La montaña te da el sitio.

Si puedes, haz las dos y en ese orden.

Quién es Rafail Orfanos

Rafail Orfanos es enólogo, tecnólogo de bebidas, sumiller y juez internacional de vinos.

Es enólogo jefe de CAIR Wine Company, la bodega histórica de Rodas, y dirige las catas de The Wine Hotel, en la ciudad medieval.

Como juez internacional forma parte del jurado de la Thessaloniki International Wine and Spirits Competition, el Frankfurt International Trophy, el Concours International de Lyon y el AWC Vienna, la mayor competición de vinos oficialmente reconocida del mundo.

Ha visto la Athiri en todas sus fases: comprobando el grosor de la piel de la uva en las viñas viejas en vaso de Embonas, vinificándola en bodega, juzgándola a ciegas en paneles internacionales y maridándola en mesa.

Todo lo que hay en este artículo sobre la Athiri, las bodegas de la isla y qué buscar en una etiqueta sale de él.

Nosotros hemos puesto la traducción, la investigación y las preguntas.

¿Tienes una bodega, un alojamiento con vino o una experiencia enoturística? Este post existe porque un enólogo se sentó a contarnos lo que sabe y nosotros lo pusimos en castellano, que es un idioma que casi ninguna bodega griega habla en su web. Si quieres aparecer en guías como esta, mira cómo colaborar con Vive La Vida Roca.

Y ahora, la próxima vez que pidas vino en Rodas

Vas a llegar a una taverna, te vas a sentar y vas a mirar la carta.

Y ya no vas a pedir “un blanco”.

Vas a pedir una Athiri.

Vas a mirar si en la etiqueta pone Attavyros o Embonas.

Vas a saber que si el pescado viene a la parrilla con limón la has clavado, y que si al final te da por pedir cordero, esa botella ya no te sirve.

Eso es todo lo que queríamos que te llevaras.

La Athiri no es un vino de playa.

Es una uva de tres mil años que lleva décadas disfrazada de vino de la casa, y que cuando sube a la montaña se pone a la altura de blancos que cuestan cinco veces más.

Un camaleón silencioso, como dice Rafail.

Esto no se acaba aquí.

Seguimos tirando del hilo del vino griego, que da para bastante más de lo que cabe en un post.

Si quieres enterarte de lo próximo, apúntate a La No Newsletter.

Es donde contamos las cosas que no caben en el blog.

Y si vas a Rodas antes de que nosotros volvamos, pide una Athiri de altura y nos cuentas.

Preguntas frecuentes sobre el vino en Rodas

¿Qué vino se bebe en Rodas?

El blanco de la isla es la Athiri, la variedad autóctona que sostiene la denominación de origen de Rodas y que aparece en prácticamente todas las cartas. En tinto, la variedad local es la Amorgiano, también llamada Mandilaria.

¿Se pueden visitar bodegas en Rodas?

Sí. La mayoría están en Embonas, en las laderas del monte Attavyros, a unos 55 km de la ciudad de Rodas. Emery, Kounakis, Alexandris y Tsoukalas están en el mismo pueblo. CAIR está a las afueras de la ciudad, sin necesidad de subir a la montaña, y la de Anastasia Triantafyllou queda cerca del Valle de las Mariposas.

¿A qué sabe el vino Athiri?

Es un blanco suave y afrutado, con aromas de melocotón blanco, albaricoque y cítricos. Cuerpo ligero, poco alcohol y acidez discreta, lo que lo hace sedoso en vez de punzante. Las versiones de viñas viejas de altura ganan profundidad, textura y un fondo mineral.

¿Con qué se marida la Athiri?

Con pescado y marisco a la parrilla, pulpo, calamar, mejillones, quesos blancos frescos y verduras. En Rodas, el maridaje local por excelencia son los pitaroudia, las croquetas de garbanzo y hierbas de la isla. No funciona con carne roja, guisos potentes, picante ni quesos curados.

¿Rodas hace vino espumoso?

Sí, con método tradicional (el mismo del champán) y con Athiri como uva base. CAIR fue pionera en producirlo y su Brut es la referencia de la isla.

¿Dónde hacer una cata de vinos en Rodas?

En la ciudad medieval, The Wine Hotel organiza catas guiadas con más de doscientas referencias de vino griego. Se reservan en su web y no hace falta alojarse allí. Si prefieres bodega, la opción es subir a Embonas con coche.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al dejar un comentario, facilitas tus datos personales, incluido tu correo electrónico, para la gestión y publicación del comentario. Además, tu email se incorporará a nuestra lista de suscriptores, lo que significa que podrás recibir comunicaciones, novedades y contenido relacionado con Vive La Vida Roca.

Puedes ejercer tus derechos de acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación y portabilidad de tus datos en cualquier momento, así como retirar tu consentimiento, a través de nuestra Política de Privacidad o enviando un email a hola@vivelavidaroca.com.