Qué ver en Peñíscola: guía honesta de un pueblo que no se disfruta igual en agosto

Fuimos cinco días a Peñíscola en septiembre y nos llevamos a nuestros padres, que tienen 80 años y ninguna intención de andar una hora al sol.

Eso, que parecía una complicación, acabó siendo lo mejor que nos pudo pasar: te obliga a enterarte de verdad de cómo funciona un sitio.

De cuánto se tarda.

De qué está abierto.

De dónde te puedes sentar.

Esto es lo que vimos, lo que comimos y lo que no te cuenta ninguna guía de Peñíscola.

Qué ver en Peñíscola: el casco antiguo, la muralla y el castillo

Peñíscola cabe en una tarde.

Esa es la buena noticia y también la trampa, porque todo el mundo la ve en la misma tarde y a la misma hora.

El casco antiguo es un peñón amurallado metido en el mar, con casas blancas, calles en cuesta y un castillo arriba del todo.

Se recorre entero andando y no hay pérdida posible: subes, das la vuelta a la muralla y bajas.

Lo que cambia por completo la experiencia no es la ruta.

Es la hora.

El castillo del Papa Luna

Es el motivo por el que la mayoría de la gente llega hasta aquí: la fortaleza templaria donde se encerró Benedicto XIII, el Papa Luna, que murió aquí sin renunciar nunca al papado.

Mantuvo que él era el Papa legítimo hasta el final, él solo contra media Europa.

Los datos, que es lo que viene a buscar la gente:

  • Horario de verano (del domingo de Ramos al 15 de octubre): de 9:30 a 21:30.
  • Horario de invierno (del 16 de octubre al domingo de Ramos): de 10:30 a 17:30.
  • Las taquillas cierran media hora antes.
  • Entrada general: 5 €. Reducida 3,50 € para mayores de 60 años, estudiantes, personas en paro, jóvenes de 9 a 16 y grupos de más de 30.
  • Gratis para menores de 8 años acompañados, personas con discapacidad y empadronados en Peñíscola.
  • Solo se paga con tarjeta. No lleves el efectivo preparado, que no te sirve.

El fallo más tonto: mucha gente sube a las nueve de la noche en verano pensando que llega de sobra porque cierra a las 21:30. La taquilla echa el cierre a las 21:00. 

La muralla, que es gratis y es donde está la vista

Esto es lo que nos sorprendió y lo que no habíamos leído en ninguna parte: a la explanada de la muralla se sube aunque el castillo esté cerrado.

No hay taquilla, no hay entrada, no hay horario.

O sea, que puedes subir al atardecer, cuando el castillo ya ha cerrado y se ha ido todo el mundo, y quedarte con la mejor vista de Peñíscola sin pagar un euro.

Desde ahí ves la costa entera hacia el norte y el pueblo blanco cayendo hacia el agua.

Nosotros no entramos al castillo.

Subimos a la muralla, nos sentamos y ya está.

Y fue la mejor hora de los cinco días.

A qué hora ir, que es lo único importante

Media hora después de que se ponga el sol, el casco antiguo cambia de gente.

Los de la excursión de día ya se han ido, los que han venido a cenar todavía están sentados, y las calles se quedan para cuatro.

Es exactamente el mismo pueblo, el mismo castillo y las mismas vistas.

Pero sin colas, sin calor y sin tener que esperar a que alguien termine de hacerse la foto.

En septiembre eso pasa alrededor de las ocho de la tarde.

En pleno verano, más tarde.

Si solo te llevas una cosa de este post, que sea esta: no subas a mediodía.

Cuándo ir a Peñíscola y por qué septiembre nos ganó

Peñíscola es un destino de verano, con todo lo que eso significa: en agosto está lleno, cuesta más y hay que reservar.

Nosotros fuimos la última semana de septiembre y la diferencia es tan bestia que cuesta creer que sea el mismo sitio.

El agua todavía está caliente, porque el Mediterráneo va con retraso respecto al aire y septiembre es tramposo en el buen sentido.

El paseo marítimo a las once de la mañana estaba prácticamente vacío.

Y en las terrazas había sitio sin esperar.

Lo que pierdes yendo fuera de temporada alta también hay que decirlo: algunos servicios ya están cortados.

El autobús urbano es el ejemplo perfecto y te lo contamos justo aquí debajo.

Nuestra recomendación: última semana de septiembre o primera de octubre. Y si tienes que ir en verano, esquiva como mínimo la primera quincena de agosto.

Cómo moverse por Peñíscola si te alojas en la playa norte

Aquí viene la parte que nadie cuenta y que a nosotros nos cambió el viaje.

La mayoría de hoteles de Peñíscola están en la playa norte, a lo largo de la avenida Papa Luna.

Y el casco antiguo está al otro extremo.

Entre una cosa y otra hay 4,5 kilómetros, que son unos 60 minutos andando.

Todo el paseo marítimo, eso sí.

Llano entero, con bancos, con el mar al lado y sin un solo escalón.

Si vas con ganas de caminar, es un paseo bonito de verdad.

Si vas con alguien de 80 años, no.

Nosotros fuimos en coche y no pasa nada por decirlo.

Las tres formas reales de llegar al casco antiguo

Andando. Una hora por el paseo. Llano, con sombra a ratos y con bancos para parar. A la vuelta, de noche, se hace más corto de lo que parece.

En coche. Es lo más rápido, pero el casco antiguo es peatonal, así que hay que dejar el coche abajo y subir. Hay un aparcamiento bastante grande justo a la entrada de la muralla, al lado de la oficina de turismo. Nosotros lo tuvimos fácil porque llevábamos la tarjeta de movilidad reducida de nuestra madre, así que te lo decimos con toda la honestidad: en verano ese aparcamiento se tiene que llenar sí o sí. Si vas en julio o agosto, no cuentes con aparcar ahí a la primera.

En autobús. Y aquí está el dato que más nos sorprendió. El autobús urbano de Peñíscola solo circula en Semana Santa y desde finales de junio hasta el 15 de septiembre. Es decir: si vas fuera de temporada, te lo encuentras parado y no te avisa nadie. Cuando funciona, el billete sencillo cuesta 1,80 € y el bono de 10 viajes, 16 €.

Lo que sí funciona todo el año es la línea interurbana Vinaròs – Benicarló – Peñíscola, de Autos Mediterráneo. En el horario de invierno circula de lunes a domingo con una frecuencia de entre 20 y 30 minutos, y en Peñíscola hay servicio aproximadamente desde las 7:10 hasta las 23:00. Conviene mirar el horario del año en curso en la web de la compañía antes de contar con ella, porque cambia entre verano e invierno.

Si viajas con gente mayor: mira esto antes de reservar hotel, no después. La distancia entre la playa norte y el casco antiguo es la queja número uno en las opiniones de todos los hoteles de la zona, y es verdad. No es un defecto del hotel: es cómo está hecho el pueblo.

Dónde comer en Peñíscola

Comimos y cenamos fuera casi todos los días, que para nosotros es media razón de ser de un viaje.

Tres sitios y tres cosas distintas.

Vent de Sal, para el arroz

En el casco antiguo, en la calle Príncipe 3. Pedimos arroz del senyoret, que es el arroz al que le han quitado el trabajo: todo el marisco viene pelado, así que comes sin pelear con una gamba. Con una mesa de cinco y una señora de 80 años, eso no es un detalle: es el plato.

18,50 € por persona.

Y un aviso práctico: solo dan comidas, de 11:00 a 16:30 todos los días.

Si lo tenías en la lista para cenar, cámbialo de día.

Teléfono: 964 88 05 00.

Rojo Picota, la sorpresa del viaje

Avenida Papa Luna 1.

Es una vinoteca de tapas con más de cincuenta referencias de vino, mucho peso de las denominaciones de la zona y cocina abierta, así que ves cómo te hacen la comida.

Fue lo que menos esperábamos encontrar en un pueblo de playa y lo que más nos sorprendió: propuesta, elaboración y presentación de otro nivel.

Si te gusta el vino, aquí es donde tienes que ir.

Teléfono: 964 489 260.

Calabuch, el clásico que no falla

De los de toda la vida.

Cenamos boquerones, chopitos, queso y unas gambas fritas que estaban tan buenas que pedimos la ración y, acto seguido, otra.

Sin florituras y sin postureo.

Éramos cinco y salimos por unos 100 € con bebidas.

No tienen web; el teléfono es el 964 48 00 28.

Dónde dormir en Peñíscola: nuestra experiencia en el Gran Hotel Peñíscola

Esta parte del viaje fue una colaboración: el Gran Hotel Peñíscola nos invitó a la estancia. No nos han pagado por decir nada en concreto, y lo que viene a continuación incluye también lo que no nos gustó. #publi

Nosotros no elegimos este hotel: nos invitaron.

Así que antes de decir que sí hicimos lo de siempre, leernos las opiniones malas.

Y las malas dicen dos cosas: que está lejos del centro y que es un hotel clásico.

Las dos son verdad.

Vamos por partes.

Lo de que está lejos del centro

Cierto, y ya lo has leído más arriba: 4,5 km, una hora andando.

Si lo que buscas es salir de noche por el casco antiguo y volver a pie, este no es tu hotel.

Ahora, dale la vuelta.

Está en primera línea de la playa norte, con el paseo marítimo pegado a la puerta.

De la recepción a la arena tardas menos que en decidir si te bañas.

Para quien viaja a dormir, a estar en la playa y a no coger el coche todos los días, esa pega es justo el beneficio.

Lo de que es un hotel clásico

También es verdad.

No es un hotel de diseño: el aire acondicionado de la habitación es de los antiguos y se nota, y las zonas comunes son las de un hotel de playa de toda la vida.

Lo que sí nos importó: tienen habitaciones adaptadas con ducha a nivel de suelo, que es exactamente lo que buscábamos para nuestros padres.

Ellos estuvieron en una adaptada en la primera planta y nosotros en una familiar en la quinta, y se ven igual de amplias las dos.

La terraza, esa sí que es grande.

Y el sol sale sobre el mar justo enfrente: a las 07:44 de la mañana, sin salir de la habitación.

El spa

El Gran Wellness Spa tiene piscina climatizada, jacuzzis, sauna, baño turco, iglú de frío y duchas.

Lo que hay que saber antes de bajar:

  • Se paga aparte. No entra con la habitación. Desde 10 €.
  • Horario: de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00.
  • De 10:00 a 11:00 es la hora del spa infantil (niños de 4 a 11 años). Si buscas silencio, baja después.
  • Gorro y chanclas obligatorios. El gorro te lo da el hotel. Las chanclas tienen que ser las del spa: te dejan un par en la habitación, así que acuérdate de bajarlas, porque comprarlas allí cuesta 3 €.
  • Se reserva desde la app del hotel si estás alojado.

A los jacuzzis y a la piscina se entra por escalera con barandilla, que es el tipo de detalle que miras cuando viajas con alguien mayor y que no sale en ninguna foto de ninguna web.

Sobre la pensión completa: la cogimos los dos primeros días y no la hubiéramos cogido nunca por decisión propia, porque si te comprometes a tres comidas en el hotel no sales a comer a ningún sitio. Dicho esto: si viajas con gente mayor y no quieres estar decidiendo dónde comer tres veces al día, tiene todo el sentido del mundo. Es una cuestión de qué tipo de viaje quieres, no de si está bien o mal.

Y si te sobra un día: Morella

A una hora en coche, en el interior, hay un pueblo amurallado con un castillo encima que no se parece en nada a la costa.

Se llama Morella y es el contraste perfecto con Peñíscola: el mismo viaje, dos mundos.

Nosotros subimos un día y volvimos a dormir a la playa.

Lo vamos a contar entero en un post sobre Morella que estamos preparando.

¿Tienes un hotel, un apartamento o un restaurante en la costa de Castellón y te gustaría aparecer en guías como esta? Contamos los sitios como son, con lo bueno y con lo que hay que mejorar, que es justo por lo que la gente se fía. Mira cómo colaborar con Vive La Vida Roca.

Entonces, ¿merece la pena Peñíscola?

Sí, pero no de cualquier manera.

Si vas en agosto, a mediodía, y subes al castillo con media España y parte del extranjero, te vas a llevar la peor versión de un sitio que es bonito de verdad.

Si vas en septiembre, subes a última hora y te conformas con la muralla en vez de pelearte por la entrada, te vas a preguntar por qué no habías venido antes.

Y una cosa más.

Llevábamos años viajando deprisa, encadenando sitios, midiendo los días por cuántas cosas entraban.

Cinco días yendo al ritmo de una persona de 80 años nos han enseñado más de viajar que los tres últimos viajes juntos.

No vimos más.

Vimos mejor.

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