Desde Sofia nos dirigimos a la capital de Macedonia, Skopje.

Lo primero que debéis saber es que normalmente las compañías de alquiler de coches os tienen que dar una acreditación de que vais a viajar a Macedonia. Antes de alquilar el coche, consultadlo y luego estad pendientes de que os lo incluyan en la documentación.

En cuanto al trayecto en coche, no os vamos a engañar, es complicadillo.

Aproximadamente son 4 horas que transcurren en su mayoría por carreteras sin señalizar y con muchos baches. Al pasar la frontera no tuvimos ningún problema, así que, al menos, esto no nos retrasó más.

El hotel en el que nos alojamos estaba muy céntrico y tenía parking, así que dejamos allí el coche y ya de paso le pedimos al personal del hotel que nos cambiara 50€ en dinares macedonios. Para que os hagáis una idea, 1 dinar equivale a 0,016€, así que… ¡¡éramos las reinas del mambo con esa cantidad de dinero!!. No nos quedaba más que adentrarnos a visitar la ciudad.

Antes de empezar a contaros nuestra ruta por Skopje, esperamos que, cuando la visitéis, las obras hayan terminado.

Al parecer ya llevan bastantes años «remodelando» la ciudad o más bien, levantándola casi nueva. Tampoco es de extrañar, ya que en 1963 se vivió un terremoto de gran magnitud que se cobró muchas vidas y causó bastantes daños materiales.

Al primer lugar donde nos dirigimos es a la Plaza de Macedonia, el centro centro de la ciudad.

De camino, en el Boulevard Partizanski Odredi nos topamos con la Iglesia de San Clemente de Ohrid.

Comenzó a construirse en 1972 y en la actualidad es el templo ortodoxo más grande del país. Notaréis una gran diferencia con la Catedral Alexander Nevski de Sofia debido a que no sigue los cánones de las construcciones ortodoxas más antiguas, pero eso, también la hace curiosa de visitar.

Para llegar a nuestro destino, que también se le llama Plaza Principal, tendremos que atravesar otro de los lugares más icónicos de la ciudad, el Puente de Piedra.

Fue construido en el s. VI por el emperador Justiniano para unir las dos orillas del río Vardar. Desde el puente podéis observar el Museo Arqueológico de Macedonia.

Al atravesar el puente, os llamará la atención una columna gigante, y, sobre esta, una estatua, que… por decirlo así… no se queda pequeña. Estamos ya en la Plaza de Macedonia.

Antes de hablaros de esta estatua os ponemos en antecedentes.

En realidad Skopje está plagada de estatuas gigantes realizadas con la financiación del propio Estado a través del proyecto «Skopje 2014».

Ya os podéis imaginar que estas esculturas tienen sus detractores, debido al descomunal gasto público.

Ahora sí, la gran columna del centro de la plaza mide 22 metros de altura y está construida «a semejanza» de la Columna de Trajano en Roma. La estatua de la parte superior es de Alejandro Magno, aunque en ninguna placa está escrito que se trate de él, debido al conflicto histórico entre Grecia y Macedonia por sus orígenes.

Pero, este monumento no queda aquí… En la parte inferior, un grupo de soldados macedonios parece proteger la columna acompañado de varias estatuas de leones. Con esto, todos pensaríamos que la obra ya está rematada, pues… no. Para finalizar, de la parte superior de la columna cae una cascada de agua a modo de fuente rodeándola por completo y que, durante la noche, se ilumina de diferentes colores.

Desde aquí nos dirigimos al antiguo bazar, pero antes, hacemos la obligada parada para comer. Os encontraréis bastantes restaurantes de comida típica a un precio irrisorio donde degustar el Burek (un pariente cercano de nuestra empanada), las ensaladas frescas de tomate con queso aliñado o los guisos de cordero.

La entrada al antiguo bazar, como no podía ser de otra manera, también está flanqueada por estatuas. Una es una fuente circular, el monumento a Olimpia, y la otra es de Filipo II.

En el bazar, observamos un «ambiente» diferente. Data del s. XII y tuvo su mayor época de esplendor durante el periodo de dominio otomano.

Actualmente, ha sido declarado por el Gobierno Macedonio, lugar de interés cultural.

Después de dar una vuelta por el bazar, decidimos regresar al alojamiento. En el hotel nos habían dicho que un buen medio de transporte era el taxi, así que decidimos probar y… ¡¡os lo recomendamos!!.

El precio por carrera es totalmente anecdótico y el servicio fue estupendo, eso sí, no esperéis coche de alta gama…

Una de las excursiones que se pueden hacer desde Skopje es ir al Cañón de Matka.

En coche, se tarda alrededor de 40 minutos en llegar.

El río que surca este desfiladero y que ha creado estos paisajes es el Treska. También aquí está la presa más antigua de Macedonia, de 1938, que dio lugar al lago que vemos actualmente.

Hay un aparcamiento, pero tened en cuenta que en verano puede ser difícil encontrar hueco.

Para llegar al embarcadero deberéis de coger un camino de unos 2km donde podréis ir admirando el paisaje.

Otro de los puntos de interés de esta zona son las numerosas cuevas existentes. La más visitada y conocida es la de Vrelo.

Desde el embarcadero se pueden coger unas pequeñas barcas para llegar y, para los más atrevidos, también se puede acceder remando en vuestro propio kayak. Además, existen varias rutas de senderismo, aunque, según nos comentaron no están en muy buen estado.

Es curiosa la Iglesia de San Andrés, que la veréis al lado del embarcadero y del pequeño bar.

Se construyó en el s. XIV y fue una suerte que no la destruyeran durante las obras de construcción de la presa.

Como aún nos faltaban por ver algunos lugares de Skopje decidimos regresar.

Uno de estos lugares es la Casa Memorial de Teresa de Calcuta. Nosotras no sabíamos que era originaria de Skopje hasta que leímos un poco sobre el país.

La entrada al museo se encuentra en la calle Macedonia y es totalmente gratuito.

Muy cerca de aquí podréis encontrar la Porta Macedonia. Un moderno arco del triunfo construido en 2011, que, como no, forma parte del grandilocuente proyecto «Skopje 2014» y conmemora los 20 años de independencia de Macedonia del Norte.

Para terminar la visita a la ciudad y sabiendo que nos dejábamos unas cuantas estatuas por ver, nos dirigimos a la Fortaleza de Kale.

Está ubicada en uno de los puntos más altos de la ciudad, pero no os asustéis que la subida es fácil. En unos 15 minutos estáis arriba.

El origen de esta fortificación data del s.VI, aunque ha tenido que ser reconstruida en múltiples ocasiones.

La entrada también es gratuita, así que, merece la pena recorrer sus murallas y ver la ciudad desde otro punto de vista.

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