Qué ver en Chaves en medio día: el fallo que cometimos en la ciudad termal más antigua de Portugal
Estuvimos media hora dentro de unas termas romanas de hace dos mil años.
Mirando el agua.
Leyendo los paneles.
Diciendo qué barbaridad cada tres minutos.
Y nos fuimos de Chaves sin enterarnos de que a un paseo de allí el agua sigue saliendo del suelo a 76 grados y que hay piscinas al aire libre donde te puedes meter.
En enero.
De noche.
Así que este post lo escribimos con una mano delante y otra detrás: te contamos todo lo que sí hicimos, que fue mucho y en hora y cuarto, y también lo que se nos pasó para que tú no repitas el fallo.
- Dónde está Chaves y por qué casi nadie para aquí
- Qué ver en Chaves en medio día: el recorrido que hicimos, en orden
-
- 1. El castillo, la Torre de Menagem y el Museo Militar
- 2. La Praça de Camões y el duque que se llevaron
- 3. Las dos iglesias que están una enfrente de la otra
- 4. El centro histórico pintado de azul
- 5. El Museo de las Termas Romanas, y es gratis
- 6. El puente de Trajano
- 7. El Forte São Francisco, que hoy es un hotel
- Las termas de Chaves, que sí siguen funcionando y nosotros nos las perdimos
- Cuándo ir a Chaves y cuándo no
- Dónde comer en Chaves: nosotros cruzamos a España
- Cómo llegar a Chaves, aparcar y cuánto cuesta
- Entonces, ¿merece la pena parar en Chaves?
Dónde está Chaves y por qué casi nadie para aquí
Chaves está en Trás-os-Montes, a diez kilómetros de la frontera con España.
Unos 150 de Oporto y unos 80 de Ourense.
Eso significa que mucha gente pasa por al lado camino de otro sitio y no entra.
Los romanos sí entraron, y se quedaron.
La llamaron Aquae Flaviae, aguas flavias, porque el agua caliente que brota aquí era el motivo de todo.
Dos mil años después el agua sigue igual de caliente y la ciudad sigue igual de tranquila.
Nosotros llegamos un 13 de enero, lloviendo, con la ciudad recién salida de la Navidad: los arcos de luces seguían colgados sobre el puente romano.
En el puente había dos personas.
En el museo, dos más.
Las calles, vacías.
No hace falta que te convenzamos de que Chaves no está masificada.
Se ve en las fotos.
Qué ver en Chaves en medio día: el recorrido que hicimos, en orden
Lo hicimos entero en hora y cuarto de reloj, de las 11:11 a las 12:26.
«Clavaíto».
Tres iglesias, dos fortificaciones, un museo romano y un puente de dos mil años.
Sin correr y parando a hacer fotos.
Es un círculo: se empieza arriba, se baja al río y se vuelve.
No hace falta coche dentro de la ciudad.
1. El castillo, la Torre de Menagem y el Museo Militar
Arriba del todo.
Hay una norma no escrita que solemos cumplir: si hay un castillo en una colina, se sube.
Queda la torre del homenaje, un trozo de muralla y unos jardines de setos recortados con cañones apuntando al valle.
Desde ahí se ve la sierra por un lado y, siendo honestos… un aparcamiento por el otro.
Es lo que hay y tampoco pasa nada.
Dentro de la torre está el Museo Militar, repartido en cuatro plantas: una por época, desde la Reconquista hasta la Guerra Colonial.
Y arriba del todo, el paso de ronda con la vista sobre la ciudad y el Támega.
Nosotros no entramos, hay que subir bastantes escaleras y Suso se cansa en ese tipo de subidas.
Pero a ti, te lo recomendamos porque total, por lo que cuesta…
2. La Praça de Camões y el duque que se llevaron
Dos minutos cuesta abajo.
Plaza noble, ayuntamiento con reloj y una estatua enorme de un caballero en armadura con la espada levantada.
Es D. Afonso, primer duque de Braganza, hijo ilegítimo del rey João I.
Vivió en Chaves casi sesenta años, murió aquí en 1461 y aquí lo enterraron.
Hasta que en 1942 se llevaron su tumba a Vila Viçosa, en el Alentejo.
Los flavienses todavía lo cuentan con rintintín, y con razón.
La estatua se inauguró en 1970, frente al ayuntamiento.
En la misma plaza están también el Museo de la Región Flaviense, instalado en el antiguo palacio de los duques y donde además está la oficina de turismo, y la capilla de Nossa Senhora do Loreto.
Detalle muy portugués y muy real: la plaza más señorial de la ciudad funciona como aparcamiento.
Nadie se escandaliza.
3. Las dos iglesias que están una enfrente de la otra
Esto es lo mejor de Chaves y no lo cuenta casi nadie.
En la misma plaza, mirándose, hay dos iglesias que no se parecen en nada.
La Igreja da Misericórdia tiene fachada barroca con columnas salomónicas y, sobre la puerta, un relieve de la Virgen abriendo el manto sobre un montón de gente.
Dentro te quedas tonto: azulejo azul del suelo al techo en las cuatro paredes, techo de madera pintado fingiendo una arquitectura que no existe, retablo de talla dorada y un púlpito colgado de la pared como si flotara.
Enfrente, la Igreja Matriz de Santa Maria Maior. Piedra desnuda, portada románica, rosetón, una espadaña rematada en chapitel de tejas. Dentro, columnas gordas y techo de madera a dos aguas. Y encima de la puerta, el órgano barroco, dorado hasta decir basta.
Debajo del órgano hay una cara tallada.
Un señor con bigote, melena y expresión de estar aguantando el peso de todo el instrumento él solo.
Si solo vas a hacer una foto en Chaves, haz esa.
4. El centro histórico pintado de azul
Bajando hacia el río te das cuenta de que Chaves se ha pintado a sí misma.
En la Rua Direita hay cubos colgados sobre la calle con motivos de azulejo: espirales, grecas, zigzags.
Hay esquinas de granito con las juntas repintadas de azul.
Y hay unas escaleras donde los mismos motivos están pintados peldaño a peldaño.
Las instalaciones colgadas se montaron en julio de 2025 en las calles Santo António, Direita y Cândido dos Reis, dentro de un proyecto municipal de dinamización del comercio.
Se anunciaron como temporales.
Nosotros las vimos seis meses después, en enero, así que de temporales poco.
Aun así, no te prometemos que sigan ahí.
Si están, es de lo más fotogénico de la ciudad.
Y si no, quedan las escaleras, que están pintadas sobre la propia piedra y cuesta bastante más que desaparezcan.
5. El Museo de las Termas Romanas, y es gratis
Aquí está la joya y no cuesta un euro.
En 2006 empezaron a hacer un aparcamiento subterráneo y se encontraron debajo el mayor balneario romano conocido de la Península Ibérica.
Estuvo funcionando hasta finales del siglo IV, un terremoto lo tapó y ahí se quedó, quieto, mil seiscientos años.
Hoy lo ves desde pasarelas, con las piscinas todavía con agua y las escaleras de piedra intactas.
Lo que más impresiona no son las piscinas: son los canales de desagüe y los suelos de mortero rojizo.
Es fontanería romana, y puedes imaginar todo aquello lleno de gente.
6. El puente de Trajano
Siglo I, doce arcos a la vista, peatonal.
Lleva casi dos mil años en uso y se cruza como quien cruza cualquier puente, sin cola, sin entrada y sin nadie haciéndose la foto del salto.
Hay dos columnas romanas con inscripciones.
Las que ves son réplicas; las originales están en el Museo de la Región Flaviense.
7. El Forte São Francisco, que hoy es un hotel
Fortaleza del siglo XVII con muralla, garita y una puerta con puente levadizo de madera que todavía cruje.
Hoy el recinto es un hotel, pero los jardines se pasean.
Y dentro hay una tercera iglesia, el antiguo convento: fachada blanca, espadaña de dos campanas y un reloj sin manecillas.
Por dentro es la más sobria de las tres, con un arco de talla dorada y suelo de madera.
Un reloj parado en una fortaleza convertida en hotel, en una ciudad que lleva dos mil años calentando la misma agua.
Chaves entera en una imagen.
Las termas de Chaves, que sí siguen funcionando y nosotros nos las perdimos
Aquí viene la confesión.
A un paseo corto del museo está el balneario, donde el agua brota a 76 grados.
Y en marzo de 2025 abrió al lado el Complejo Termal Aquae Salutem: las primeras piscinas de agua termal al aire libre de Portugal continental.
Piscinas entre 30 y 36 grados, a cielo abierto.
Sauna, baño turco, duchas sensoriales y una fuente de hielo.
Y los viernes, sábados y vísperas de festivo abre hasta las 23:00, así que puedes estar metido en agua caliente, al raso, de noche, en enero.
Nosotros pasamos por delante sin enterarnos.
Tú no hagas eso.
Y un dato de ahorro que casi nadie da: la temporada baja del spa empieza el 16 de septiembre y dura hasta mediados de junio. Otoño e invierno sale más barato y encima es cuando más apetece.
Cuándo ir a Chaves y cuándo no
Chaves es una ciudad tranquila trescientos sesenta y un días al año.
Los otros cuatro, no.
A finales de octubre y primeros de noviembre se celebra la Feira dos Santos, oficialmente el 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre.
Más de quinientos expositores y más de cien mil visitantes en una ciudad de cuarenta mil habitantes.
Si lo que buscas es bullicio, feria de ganado y comer pulpo de pie, esos son tus días.
Si lo que buscas es lo que fuimos a buscar nosotros, calle vacía, agua caliente y silencio, ve cualquier otro fin de semana de otoño o invierno.
Y ojo con un detalle que se le escapa a todo el mundo: el 1 de noviembre las termas cierran.
Justo el día grande de la feria.
Si vas esos días, vas a la feria, no al agua.
Dónde comer en Chaves: nosotros cruzamos a España
Vamos a ser claros: no comimos en Chaves.
Terminamos el recorrido a las doce y media, cruzamos la frontera y comimos en Verín, en el Café Bar Ribeiro (Avenida de Castilla, 69).
Dos platos combinados enormes, buenísimos y baratos.
No apuntamos lo que costó y no vamos a inventárnoslo, pero salimos llenos y con la sensación de haber pagado poco.
Y eso, que parece un fallo de guion, es exactamente lo que hace la gente de aquí.
Chaves y Verín forman la Eurociudad del Agua: diez kilómetros, dos países, dos ciudades termales.
Se cruza a comer, a comprar y a cenar como quien cambia de barrio.
Ahora bien, hay una cosa que sí deberíamos haber probado y no hicimos: el pastel de Chaves.
Es un hojaldre salado relleno de carne, con Indicación Geográfica Protegida, y solo se puede producir en este concejo.
La referencia local es la Pastelaria Maria (Largo do Município, 4), que los flavienses llaman la Mariazinha.
El truco: hay que comerlo recién salido del horno.
Frío no es lo mismo.
Pregunta a qué hora sale la siguiente hornada y espérate.
Cómo llegar a Chaves, aparcar y cuánto cuesta
En coche. Diez kilómetros desde la frontera por Verín. Es la forma lógica de llegar. Si vienes de más lejos, compensa mirar el alquiler de coche con antelación.
Peajes. Las autopistas portuguesas van por pórtico electrónico. Nosotros cruzamos siempre con el Via-T de Bip&Drive y funciona sin problema al otro lado de la raya. Es, de largo, lo más práctico: ni tickets, ni pagar después, ni sustos por correo.
Aparcar. Nosotros aparcamos en la calle, con parquímetro, y salió barato. Tampoco apuntamos cuánto, pero no nos dolió. Hay sitio en el entorno del Museo de las Termas Romanas y en la propia Praça de Camões, que a efectos prácticos es un aparcamiento con iglesias alrededor.
Presupuesto del día. El Museo de las Termas Romanas es gratis, las iglesias son gratis, el puente es gratis, los jardines del castillo son gratis y el Museo Militar cuesta 1 €. Chaves entera se ve por un euro. El único gasto real, si quieres, son las termas.
Entonces, ¿merece la pena parar en Chaves?
Nosotros le dimos hora y cuarto y salimos con la sensación de que nos habíamos quedado cortos.
No porque falte ciudad: porque nos faltó información.
Chaves se ve en media mañana.
Pero si le das el día entero, pastel caliente, museo romano, las dos iglesias, el euro del Museo Militar y las piscinas termales al aire libre cuando se hace de noche, deja de ser una parada de camino y se convierte en el motivo del viaje.
Nosotros volveremos.
Esta vez, al agua.
De aquí seguimos hacia el Parque Natural de Montesinho, que es otra historia y merece su propio post.
Y si vas a hacer ruta por Trás-os-Montes, Braganza te queda de camino.
Por cierto: lo que no cabe en el blog lo contamos en La No Newsletter. Los fallos enteros, los sitios que no recomendamos y las cosas de las que nos enteramos tarde, como lo de las termas.
Suscríbete aquí y te ahorras el próximo disgusto.
¿Te has bañado en las piscinas termales de Chaves? Cuéntanoslo en comentarios, que nos va a doler y aun así queremos saberlo.